Dibujo de la fuga

Dibujo de la fuga

Nunca se ha visto un blanco, un encarnado, tan amorosos como el lindo verde. Andrew Marvell

1. El árbol y su cielo

Ya despierta la fábula en las cosas. El cielo de mi risa sobre el ágil velamen del columpio.

Yo tenía la nube, también la huella fina de los pájaros y un reino verde con semillas verdes y el mar en el olfato.

Por aire humedecido imaginad el ángel de las flores. Por ríos invisibles los jardines dispersos en mi frente.

De su centro de sangre alzado el corazón, el fino huésped. Junto a párvulas sombras musgo de leche y encendidas anclas.

Yo tenía mi cuerpo y una fruta sin vello y dos abejas. Me bañaba desnuda entre naranjos, me comía el augurio de los tréboles.

El modo de mi casa -hecho de arrimo y piedras vigilantes- iba de viaje en un antiguo viaje y en un libro de peces.

Los ojos de mi padre eran náuticos ojos capitanes. Daban a ratos fuegos de Santelmo y metales del norte. Detrás de mi inocencia lunas dormidas en el dulce pronto… Tal vez lo ya terrestre ardiendo como el grillo de mi luna. Para el suave domingo islas de azúcar, jaulas de listones. Para copiarme risas, una risueña Alicia del Espejo

¿Cómo contar mi olvido, mi voy jugando de jugar de juegos? La falda de mi madre: ese almidón sembrado de violetas.

Todo el bosque del árbol y yo la corza libre, la criatura. ¡Qué melodía de agua, qué paloma! Mi giramor… mi girasol… mi mundo.

2. Su puerta

-arco de almíbar y de sal menuda- abre el tiempo de blusas uniformes debajo del almendro y la campana.

Creció mi corazón como una flor esquiva por mi sangre, sufriendo la indagante compañía, un delicado miedo y la nostalgia.

Alguien dijo: es amor… pero yo lo guardé con mis peinetas. En música inicial, en largas noches le dormí como a niño que amenaza.

Ella nada sabía. Se apoyaba en mi dicha sin mirarla. Por su país esbelto iba el césped buscando lo que sube.

De sus dones abiertos cogí el idioma fino, inmaculado. Venía tiernamente hasta mi libro con su origen de luz, con su garganta.

Tal mi golpe de vida: solo… a la orilla extraña de los nombres. ¿Quién dibujó en el muro, en el cuaderno, ese veloz mensaje de saetas?

La inmensa pajarera y un trémulo silencio, siempre frágil. Su suave fuerza deteniendo ríos y fundando ciudades en el alma.

Ardor de mi pureza. Cuna de fuego en pequeñez colmada. ¡Génesis de la abeja de mi pecho buscando sus dos alas!

3. Y regresé por una carta dulce

que era medio llamada y medio eco. Resbala el aire como un río de oro; sube en el agua aquel azul pequeño.

El mismo abrazo se me da en los árboles, con su aroma indefenso; el mismo amor, la misma casa mía en ángeles terrestres.

Olvido la ciudad porque es verano y tengo mis almendros; una nube trivial me entrega, ahora, bailarinas esbeltas.

Nada ha cambiado, nada… Todo espera al corazón que vuelve sobre aldeas menores, sobre infancias de contenidos cielos.

No hay horas en el tiempo, cada instante es eterno y es breve. Voy por mis ojos a la piel del mundo y al mundo de mi cuerpo.

¿Quién me dio esta palabra iluminada que sin sonar ya suena? ¿Este secreto de florales bosques rodeados de silencio?

La golondrina de horizontes rojos sobre mí va cayendo… ¿Qué distancia pulsante y consumida me derrama en su vuelo?

Hay un algo que espera no sé donde; una escondida puerta: puerta de azar para vivir relámpagos o navíos o hielo.

Alcanzo mi camino y no lo alcanzo. ¡Desatadme los miedos! Tengo una cita con la luz lejana. Con el mar de mis muertos.

4. En dominios de nieve

sueña la flor su escala y su corona. La nieve cae, abandonando el aire con un latido blanco.

¿Por qué levanta el muérdago su sangre oculta en desafiantes hojas? ¿Por qué dejan los elfos invernales laboriosos mensajes en el vidrio?

¡Eileen, Coleen, Maureen … verdes, doradas, alimentad el fuego! El pan junta a los hombres. Ya regresan con sus pipas nocturnas y su infancia.

La nieve tiene ermitas y ataúdes, tiene girantes naipes, flota en la luz con pliegues de bandera, borda manzanas de agua entre los mástiles.

¿Quién dice que la nieve es inocente? ¿Quién la celebra en el licor del sótano? Mil peregrinos andan por su cuerpo, ciegos de blanca burla.

¡Eileen, Coleen, Maureen… fuertes, sin miedo, ¿está borracho el viento? ¡Cerrad la puerta, defended la casa, que es la nevada luna de los muertos!

En praderas de nieve el verano dormido junta olores. La nieve baja en diminutos ángeles y fechas de diciembre.

¿Cómo estará la encina en su silencio? ¿Cómo el pez, entre agujas? Este morir de sueño, este abandono, ¿habrá de ser un colmenar de musgo?

¡Eileen, Coleen, Maureen… limpias, amables, extended los manteles! La niña del hermano busca el norte sobre un temblor de remos.

Viene con su cabello derramado, con sus pasos silvestres; trae un lagarto de ónix en la blusa y una guitarra breve.

Las torres de la nieve tienen altas palomas congeladas. La niña toca aquel invierno inmóvil con los guantes de lana.

Por lámparas de nieve suben luces pretéritas, de olvido. Abre la niña su ventana y oye la memoria del frío.

5. Llegó sobre sus botas de soldado

y su medida de alma. En el vagón lloraba un niño puro y leían los hombres con anteojos.

La música de ruedas trenza llanuras con aldeas tristes. Un presuroso cerro se le acerca para huir, en menguante.

Cada cintura de árbol tiene brazos que van a la deriva. Es preciso callar, tal vez dormirse o perseguir su nombre.

¡Ah, venid a mirarle! ¡Venid a señalar su labio joven! Está jugando de coger mi frente con sus pestañas de oro.

Creo que ya conozco su esperanza, su jardín melancólico. ¿Dónde me dio, por un antiguo cielo, esta frágil alondra? Diríase que vino para hallarme, olvidando su miedo en los cipreses. Porque la muerte sacudió su espanto lleva una palidez que le ilumina.

Quiero alcanzar su célibe distancia y utilizo el perfume del pañuelo. Con maniobras de abeja le cautivo; le voy dando mi gesto y mis collares.

Por rápidas vidrieras pasa un sitial de malvas, tres cabañas. El día lento sufre en el jadeo de tartamudos rieles y furgones.

¿Acaso fue mi educación de brisa, su noticia de luz, el tiempo inútil? De No Man`s Land traía un libro amargo. ¿No era mi edad el libro de la nube?

Por eso el viaje descansó en la playa y nos dio el mar su vértigo de olas. Borramos el ayer de los obuses y despertó mi golondrinalondra.

6. Este color de liquen y de algas

este origen de mar, que nadie advierte; este canto de grutas sumergidas y estos silencios de agua, que se beben.

El goce de una intacta lejanía donde el pulso del tiempo se endurece; el barco que llegó buscando anclas, por combate de noches y de nieves.

Un domador de potros de arco-iris, un ágil compañero de los peces, una rada con árboles de llanto y la isla que muere y que no muere.

Todo, medio perdido por mis labios, todo, medio salvado por mis sienes, y en esta tierra de cumplidas cosas apenas como el día adolescente.

Por un deseo que anudó en el musgo el suelto sollozar de la intemperie; por un lejano viaje que en la playa cambió su muro de olas en laureles;

por eso estoy aquí… con este sueño de oceánica raíz, casi perenne; con este primer junio de buscarme y este regalo de saladas fuentes.

Cae a mis ojos, de unos ojos altos, toda la luz en su marino oriente. Cae a mi corazón, con piel y sangre, toda la vida de mi nombre verde.

Tal vez de una ternura de riberas me iré al volcado adiós de las corrientes. Tal vez en un estreno de horizontes recogeré la flor de lo que duele.

Ha sido mi secreto entre las ramas esta mitad de mar que no obedece. Por eso ando buscando, sin decirlo, el nuevo viaje de mi antigua gente.