Ternura móvil que enraizó a mi lado, niño grande sin nombre y sin alero; huésped del sueño en cuerpo verdadero, oscuro corazón iluminado.
Pago del día, saldo del pasado, dulce heridor y hábil curandero; mina de venas rotas y venero que sin reserva da lo que he buscado.
Su silencio tan largo tiene ahora pájaros irisados y despiertos bajo una luz madura y vencedora.
De cenizas llegó su forma alzada, y en rumbos de la sangre su llamada devuelve la palabra de los muertos. * * *