Color redondo, carne dulce y fina, abierto corazón de primavera; llama fugaz en tierra pajarera, columna de evidencia matutina.
Goce de abril, inútil bailarina de la sangre y la luz en la frontera, comunicada con la vida entera por el silencio amargo de la espina.
Externa y pura, mas del lodo alzada. En el cristal cautiva y condenada sin alarde se dobla o se refleja.
Basura de agonía cuando acabe… ¡Y mi lengua extraviada que no sabe el idioma del duende y de la abeja! * * *