Trazas con tu verso caracolas prendida en espirales de olas marinas y me llevas a un astral acuario íntimo fluyente como la historia de la luna en la que arde tanta pasión plural por la ternura.
Nuestra común lengua humedecida se moja como el pastizal entregado al crepúsculo y fértil devuelve las manzanas en auroras y hace surgir la sierpe por el seto de la selva. Me escribes en la lengua que nos une que acaricia, penetra y que ilumina que casi comunica lo que las manos comunican y pronuncia casi lo que callan los labios.
Estaría dispuesto a renunciar al poema y ser pasiva musa con tal que tu cantases y ser la negra sombra o ser el huésped blanco.
Yo sé que bañarás en los mares de la dulzura -de amor dirás palabras que tu cuerpo escribirá mis versos liberado- cada una de las palabras que me escribas y sé que cada vez que arda tu boca morderás esta lengua como el crótalo.
De “Historia da Lua”, 1984