Tú no tienes otro nombre más allá de ti misma

Tú no tienes otro nombre más allá de ti misma

De los nombres de la amapola y de la violeta de entre todos los nombres del anillo yo prefiero la palabra compartida en silencio.

Para vivir yo pido no conocer más nombres.

Es suficiente con saber que se revela cuando el pecho reposa sobre el pecho y los miembros se entrelazan como la vid cuando las manos recobran los abrazos y los pubis se confunden donde se fragua el hierro.

El nombre más exacto el punto cumbre se revela en un tiempo sin memoria y los poros se entreabren a otros poros y los ojos se derriten poco a poco.

Igual que la caracola besada por la espuma tú no tienes otro nombre más allá de ti misma.

De “Historia da Lua”, 1984