Viento de primavera

Viento de primavera

Ni aún el cuerpo resiste tanta resurrección, y busca abrigo ante este viento que ya templa y trae olor, y nueva intimidad. Ya cuanto fue hambre, ahora es sustento. Y se aligera la vida, y un destello generoso vibra por nuestras calles. Pero sigue turbia nuestra retina, y la saliva seca, y los pies van a la desbandada, como siempre. Y entonces, esta presión fogosa que nos trae el cuerpo aún frágil de la primavera, ronda en torno al invierno de nuestro corazón, buscando un sitio por donde entrar en él. Y aquí, a la vuelta de la esquina, al acecho, en feraz merodeo, nos ventea la ropa, nos orea el trabajo, barre la casa, engrasa nuestras puertas duras de oscura cerrazón, las abre a no sé qué hospitalidad hermosa y nos desborda y, aunque nunca nos demos cuenta de tanta juventud, de lleno en lleno nos arrasa. Sí, a poco del sol salido, un viento ya gustoso, sereno de simiente, sopló en torno de nuestra sequedad, de la injusticia de nuestros años, alentó para algo más hermoso que tanta desconfianza y tanto desaliento, más gallardo que nuestro miedo a su honda rebelión, a su alta resurrección. Y ahora yo, que perdí mi libertad por todo, quiero oír cómo el pobre ruido de nuestro pulso se va a rastras tras el cálido son de esta alianza y ambos hacen la música arrolladora, sin compás, a sordas, por la que se llegará algún día, quizá en medio de enero, en el que todos sepamos el por qué del nombre: «viento de primavera» “Alianza y condena” 1965