Su último poema de amor se rompió en la bahía donde rubios personajes blasfemaban cargando chatarra en oxidados submarinos. Al sol se sintió sorprendido al sentirse tan carente de deseos como una rueda. Más simple que el dinero se sentó sobre un poco de sal derramada y se preguntó si volvería a encontrar alguna vez las cicatrices de las farolas úlceras de verja de hierro forjado. Recordaba perfectamente cómo dispuso el ataque cardíaco de su padre y cómo dejó a su madre en un pozo con la memoria en blanco por la pérdida de culpabilidad. Precisión bajo el sol los elevadores las piezas de hierro dispersaron a cualesquiera de vosotros cuyo dolor hubiera dejado igual que un silbato dispersa a un equipo de hombres sudorosos Preparado a unirse al mundo sí, sí, dispuesto a casarse convencido de que el dolor es una cuestión de elección un Doctor de la Razón empezó a contar los barcos a condecorar a los hombres. ¿Amenazarán acaso los sueños esta disciplina? ¿le llevarán el pelo favorito los muslos favoritos los ganadores de apuestas de las carreras de caballos de la vida anterior llevarán a aventureros cafés? ¡Ah, mis queridos pupilos! ¿creéis que existe una mano tan bestial, tan despiadada con la belleza que pueda apagar su religiosa luz eléctrica antidiarreica?