Por qué la experiencia no es la maestra de nada

Por qué la experiencia no es la maestra de nada

No el mío -el cuerpo que te prometieron está enterrado en el corazón de una máquina inutilizable que nadie puede detener o poner en marcha.

¿Yacerás con él? Podrás cavar hasta muy profundo- escapar de una o dos Leyes- ver un relámpago de luz. Jamás llegarás a acercarte al corazón.

Yo lo intenté -soy el mismo- resultó lo mismo. Quería que mis sentidos enloquecieran. El relámpago no era más que una luz ordinaria. ¿Acaso nada podrá mantenerte aquí, mi amor, mi amor?