De "Ayer y calles" 1994

De “Ayer y calles” 1994

Alegoría del tiempo

Somos moderadamente felices, los dos vivíamos en una afinidad absoluta: las palabras no pueden expresar la experiencia. Yo tampoco.

1994


1. El efecto de un paisaje

Es la una y treinta medio cuerpo asomado a la vida entera. Desapercibo un raro calambreo que nace en las piernas. Brilla lo que queda de luna. Mis oquedades buscan ritos, mis soledades están sobre los zapatos que he deshebillado porque me ladeaba su presión. Estoy entera como la vida que miro como la vida que me deja me deja medio cuerpo asomado a ella.

1994 * * *

2. Heladas por el presente

Soy una mujer que se alejó del mar. El pequeño fin, como dije. Ponerse la toalla, el pequeño trozo de pared, pon la mano y échate sobre mí, un poco lejos, el pecho es piedra. Sobre mí deja la cal un rastro de tres dedos, debió apretar más con el pulgar que con el índice. Luego esa porquería de libro y la camarera que nos trajo la bandeja oxidada el amor no cabe en fuente alguna tumbas tierra adentro ondulaciones de tierra raíces secas brotes de ramas retorcida hiedra tierra adentro la mano, la cal, la bandeja, la camarera, el mar.

1994 * * *

3. La derrota da pruebas de que estamos vivos

Recuerdo dos horas seguidas. Luego un abatimiento. Se filtraba la luz, pero anochecía. Yo era otra. ¿Dónde estará aquella ropa? Era la misma que soy ahora. Menos cosas que recordar menos vida, o más vida, o poca vida. O ninguna vida por delante ni hacia atrás. Mi vida. ¿Qué es mi vida? Estaba sentada en otra silla: lo recuerdo, estructura de madera recubierta de lona. Sobre una mesa con el cristal resquebrajado escribí un poema, ¿o era el mismo poema? Un ansia de recordar lo invade todo y decido escribir cinco o seis poemas más. Me llevan a raros lugares donde estuve. No sufro. Sufría. ¿Mejor o peor? Abatimiento porque recuerdo la misma soledad. La misma soledad no me convierte en otra persona. Será ése el hilo, mi fantasma, mi amor, el que me eleva y me deshace, pero no me perturba. Sería cuestión de sentir distintas soledades. Varias soledades. Que muchas soledades se agolpasen de pronto para ir al supermercado, o sintiendo deseos de ir al mar. Que todas las soledades se dispersaran para confundir ésta: tan real. Y al ser tantas, podría elegir matices, colores, estelas: varios poemas para varios estados y no escribiría el mismo poema al repetir esta exhalación que sólo oyen ciertas solitarias al chafar la colilla con la punta del zapato.

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4. Lejos de ti todo es moral

Da igual que vivas en un primer piso también cae sin deseo especial. Lo sé todo de ti, pero no te siento. Se dobló delante mío, como si no estuviese, me indicó su presencia con el lenguaje del que lo ha perdido todo. Has traído mi vieja ropa no sé por qué últimamente me falla la incoherencia. Dejó el algodón en una silla. Se levantó siendo otro hombre. Su gesto me dijo en clave que ya no era necesaria. Quédate con el deseo de los que ya no están quizá crezca en ti la armonía de alguno. Yo me voy, la tierra me ha tragado. Te apresuraste encontrando el amor entre los muertos. Da igual que estés localizable. Cogió su jeringuilla con placidez. Tú no lo viste, no viste cómo la miraba atentamente ocultando su punta. Digamos que mi origen es provinciano. No veo por qué dar consejos prefiero internarme entre los cortinajes.

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5. Leve delicadeza

No sé. Abro el buzón. Llegan aquellas cosas mal puestas en una silla o sobre ella. Aturdirme de letras, vivir tardíamente dos pasos lo justo para intransitar lo cotidiano. Verme en el espejo: sí, otro día. Sí, son varios. Sí, fueron muchos. No sé. Llegar, doblar la ropa otear la casa, el interior de la casa, de soslayo, y a veces de frente sin dejar de examinarme. Es eso. Sí es eso. La felicidad no tiene temblores ni arquea días. Es eso. Fíjate qué cotidiano. Qué leve delicadeza casi a solas.

1994 * * *