La edad son goznes...

La edad son goznes…

mirar hacia abajo ver un fondo donde ardes, sentimientos de pena para alcanzar algo mejorable sin que se sepa definir esto de aquello, y lo otro, no cabe así. El día bruto la luz era maléfica una religión era necesaria. Voy a mi extremo que no tuviera miedo de la noche ni de repetir la escena. Desvié mis ojos hacia la cama no estaba yo tampoco. Treinta años condensados en el gesto indefinible, cercano, inalcanzable, enroscando la cafetera junto a ningún ser aquí cerca. Sólo tus muslos húmedos alcanzan un arco de 48 horas sin determinar bien qué emoción antecede a otra o cuál es el lugar donde poner las manos ahora. Tus muslos ardían dentro del arco en el que me muevo a tientas, regalo del tiempo, el acto, alguien me lo dio todo en una pensión. La botella la lámpara, la colcha verde, recuerdo eso y la luz recogida tras las cortinas, recuerdo eso, la televisión, un sutil movimiento para entrar en cavernas de ansia, y el trabajo de los días, de los años, de lo prieto. Que el amor perdure -decías- largo instante inscrito aquí y ahora mismo en la divisibilidad. Parece ser que se origina lo perdurable en el instante dispersando el escalofrío. Yo, para ti, tú, para mí. Resplandor y música alguien golpeó la pared. * * *

Ser tantas contigo y bailar los raros pasos que conducen a la cueva donde recuerdo mi rostro.


Tu niebla de mujer trae enseres a mi creencia yo, que casi sola he creado el mundo.


Una especie de mi que no soy yo deja perpleja la estela de la tarde en esos extraños recorridos donde el labio estanca su decir.