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De negro va, pero llega tardía como siempre, es una imagen cotidiana verla acercarse a las lindes de todo como si el centro fuese un lado, y teme mucho que la contradigan cuando sin estar cobijada, el tiempo apremia.
Mirar la maravilla deletreando un momento de ella, lo demás ocurre sin sinsabor. Álgido anochece muy enorme por lo que tuvo de bueno. La vida se nombra a veces. Un olvido también es un sueño. El ocultamiento me hace renacer, el oculto carácter del brillo que sólo se percibe intentando la felicidad. Brote del brote, ramas equilibradas en el aire de un vaivén.
En esa, ciertamente, cansina mirada un monólogo interior arde quemando los extremos, se iza suavemente apagando paradojas y, al final del trayecto, apunta una sola forma la retina. Es brillante su punta, transparente el cuerpo del objeto, lo llena de un líquido blanquecino y lo mira ansiosamente.
1990