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Me encontré tan menuda, tan encogida, ovillada en eso que la taquicardia auguró. Doce o trece horas de amor desmedido maldita sea hoy, cómo avanzaba la sabandija entre mi letargo haciéndome diminuta el tiempo crecía. Me puso las manos encima y me queda ese temblor.
Huir. Un vaso roto. Esquivar al amigo de la yerba, los platos de coñac, regalos, orfebrería en baúles, tenazas de hierro abundantes misivas, amontonar largos caminos, ser la sed en las rayas del labio, nótese una humareda a lo lejos, una impenetrable andariega.
1990 * * *