Ya todo está inventado, descubierto; llego tarde, muy tarde, a vuestro lado; por eso no me inquieta lo remoto y voy tras lo sencillo y cotidiano, llamándole al pan, pan, y al vino, vino… Aunque no suene bien, ¡es tan humano!
Miro el jardín y digo: «¡Primavera!» Y al extender los brazos con tímido ademán hacia las cosas, siento un tibio aleteo en cada hallazgo: un compás repetido, algo que va, que viene, que es alado. Siempre será mañana la mañana y más árbol, el árbol. No quiero ya en el alma nada nuevo, que todo esté estrenado.
Acaso la que ansío es caminar segura por las antiguas huellas de otros pasos, o quedarme tranquila aquí, en mi huerto; saber que ya está todo sosegado: el corazón, la casa, los recuerdos… Sentir la azada fiel del hortelano remover, amoroso, los terrones, como hicieron en tiempo sus hermanos. Ya está todo gastado bajo el sol, a fuerza de pasar de mano en mano.