¿De qué trigal malherido te fueron a levantar, mi pobre ángel caído?
¿Acaso era tu destino ir tan lejos a acabarte y por eso tanta prisa tenías cuando marchaste?
¿Era la cita en Castilla y esa noche castellana para acogerte en sus brazos a esa hora te esperaba?
¡Qué ajena estaba mi vida a que tu vida marchaba en un viaje de ida sin más vuelta ni más nada!…