Ni me entiendo ni me entienden; ni me sirve alma ni sangre; lo que veo con mis ojos no lo quiero para nadie.
Todo es extraño a mí misma, hasta la luz, hasta el aire, porque ni acierto a mirarla; ni sé cómo respirarle.
Y si miro hacia la sombra donde la luz se deshace, temo también deshacerme y entre la sombra quedarme confundida para siempre en ese misterio grande.