Oh dulce canto de viaje, mi alegría y mi caudal, más que en las velas el viento más que el surco en el mar!
Por los senderillos negros nubes cargadas de afán, por los senderillos rojos alardes de tempestad, por las llanuras inmensas, soledad…, pero una canción de viaje me llena de oro el morral.
Cuán largo camino largo desde esta noche a la aurora! mas un cantarcillo alegre los labios sedientos moja: “¡Qué amor y qué amores tengo allá en fronteras remotas! ¿qué camino será largo siendo camino de bodas?”
La luna viaja de incógnito tras las nubes borrascosas; y galopa el duro viento con el girón de su antorcha; en la soledad vibrante se adelgaza cada nota, y siguiendo la carrera de la senda voladora, como una cinta de onix la noche se desenrolla. Negro camino impaciente cárcel que vuela hacia el mar; hilillo de oro lo enfrena la música de un cantar: “¿qué camino será triste que a tus labios dulces va?”
Agosto, 1942