Aquí do silencioso...

Aquí do silencioso…

Aquí do silencioso corre el blando Guadiana cristalino sin azotar ruidoso las piedras de camino, o encanecen de espuma la ribera.

Tan manso, que creyera cualquier que lo mirase que, estancadas sus aguas, no se mueve, o de su curso leve la fija dirección equivocase: aquí que la espesura de los fresnos y arbustos enlazados mantiene la frescura, y ajenos meneados al dulce soplo del calmoso viento, nos llaman al contento del blando meditar, placer süave que el alma melancólica y sensible tan sólo encontrar sabe aquí en la soledad apetecible.

Ven, tierno Ypanco, ven, y tú, mi Anfriso, fiel Anfriso, venid, venid, sin mora al lado de Feniso, que agitado os implora. Venid aquí y gocemos la sabrosa amistad tranquilamente y en su seno clemente el bullicio dejemos. La sociedad los hombres olvidemos.

A la furiosa guerra siguió luego la dura esclavitud. El inclemente vencedor conservó la triste vida del mísero vencido, y juzgando demente le estaba concedida facultad para habérsela extinguido. Sumiólo en servidumbre aborrecible a que fuera la muerte preferible. Vergonzosas cadenas obras de la injusticia más tirana de vilipendio llenas, cayeron a agobiar la especie humana.

Así do quiera que la vista tiendo, sola la humana sociedad me ofrece un laberinto horrendo de males que parece sobrepujan, si bien lo examinamos, los bienes todos que en aquella hallamos.

Tan sólo el egoísmo a los hombres ocupa y los dirige, la virtud, la justicia, el patriotismo, la santa y celestial beneficiencia, sólo en muy pocos corazones mora. Sólo muy pocos la verdad adoran. Y nadie en la violencia de la opresora esclavitud se atreve a querer anunciarla, y sólo puede en su interior llorarla. Todo es esclavo, todo.

Las ciencias y las artes gimen, sin libertad y despreciando el saber verdadero en todas partes, es tal vez como un crimen condenado: todo en cadenas mil está sumido y aún el raciocinar ya prohibido.

Así de nuestra vida viéramos sin temor aproximarse el dulce fin; y cuando la homicida Parca nos sorprendiera en plácido deliquio la muerte apareciera. Y diéramos los últimos alientos cual en un sueño blando a el Amor y Amistad himnos cantando.