Llegó la rosa, amigos; vengan, vengan los juegos; esto mismo aconsejan los venerandos viejos.
No hay tristeza ahora en nadie, pero, ¡ay!, que vuela el tiempo. Pues bebamos con ansia mas que el tapiz manchemos.
Dulce el aura es, da gozo; mas yo apurar prefiero el rojo vino al lado de un semblante halagüeño.
Venga la lira; adversa es la suerte a los buenos. ¿Para evitar su angustia por qué no enloquecemos?
¡Cómo brilla la rosa! Agua y vino, que el fuego de amor, que me consume quiero apagar con ellos.
Hafiz, ruiseñor eres. ¿Pues cómo tú al aspecto de las rosas pudieras mantenerte en silencio?