Si después de la muerte...

Si después de la muerte…

Si después de la muerte, todavía se encuentran nuestras voces dolorosas y bajo las heladas duras losas abrasa al pecho el fuego que solía,

prosiga el eco de la angustia mía; y las verdes colinas que, envidiosas, dividen nuestras tumbas silenciosas lo aumenten y repitan a porfía;

para que sea al punto conducido a Leyla en alas del piadoso viento hiriendo con amor sus tierno oído.

Así tendré al morir ese contento, que aunque me halle ya a polvo reducido, se goce Leyla con mi triste aliento.