Su simpático rostro un poco pálido y los ojos castaños aún absortos. Veinticinco años, aunque aparenta más bien veinte. Algo le da en su atuendo vago aire de artista: la corbata tal vez o la forma del cuello. Marcha sin fin preciso por la calle como aún poseído del placer ilegal, del prohibido amor que acaba de ser suyo. Versión de José Ángel Valente