Cuando de pronto, a medianoche, oigas pasar el tropel invisible, las voces cristalinas, la música embriagadora de sus coros, sabrás que la Fortuna te abandona, que la esperanza cae, que toda una vida de deseos se deshace en humo. ¡Ah, no sufras por algo que ya excede el desengaño! Como un hombre desde hace tiempo preparado, Saluda con valor a Alejandría que se marcha. Y no te engañes, no digas que era un sueño, que tus oídos te confunden, quedan las súplicas y las lamentaciones para los cobardes, deja volar las vanas esperanzas, y como un hombre desde hace tiempo preparado, deliberadamente, con un orgullo y una resignación dignos de ti y de la ciudad asómate a la ventana abierta para beber, más allá del desengaño, la última embriaguez de ese tropel divino, y saluda, saluda a Alejandría que se marcha. Versión de Aurora Bernárdez