La habitación pobre y vulgar, escondida en los altos de la taberna equívoca. Desde la ventana la calleja, estrecha y sucia. Y las voces abajo de unos cuantos obreros distrayendo su tiempo con las cartas.
Y allí, sobre aquel lecho ordinario y humilde, el cuerpo tuve del amor, los labios voluptuosos de la embriaguez, purpúreos de tal embriaguez que cuando ahora, después de tantos años, esto escribo en mi casa vacía me embriago de nuevo. Versión de José Ángel Valente