«Un pez de hule envuelve la comida diaria. Las escamas de nylon se deshacen pero no logran pudrirse en la boca del desierto: bolsas, jirones y retazos de plástico, trozos de cármica y latas como joyas oxidadas. Cada cosa es un tesoro y tiende a la aridez. Las raíces de los vegetales esperan entre vidrios y coronas de caucho, los óxidos de plomo y el agua del cadmio entre los dientes de un cero gordo, el mar envenenado de sulfito en la gran concha del mar, en la raja del mar, en el coño del mar, en la vira del mar con aguavivas. Un temblor de hilo en las vocales: n-a-d-a. Estos son los huesos de Dios. Las ramas despojadas por el viento enfurecido, los ojos cubiertos por los labios de los ojos, la Mosca Reina con su séquito en el sexo. Chatarra, chatarra y más chatarra. Junk. La savia retrocede en las palabras cuando voy a hablar del árbol. Un sarcoma voraz seca la rama. El aire me respira y se envenena. Lo que amo se vuelve arena.» De “Umbría” 1999