Cómo golpea tu ausencia cuando evoco tus pasos por la casa, tus huellas en mi alcoba, mi cotidiano empeño de tenerte. Puedo palpar la luz de cada amanecer con su luna desierta y congelada, tu voz de agua fluyendo por mi sangre de magnolia encendida, tu sombra fugitiva que tejes y destejes, por la escalera anónima que hasta ti me conduce. Puedo esperarte desvelada en la noche profunda, sembrar el horizonte de voces que te nombran desde mis sueños desolados. Penetrar en un círculo etéreo de niebla y lejanía de polvo inerte y blanco donde mi soledad de nieve habita el más remoto sitio de tu alma. Allí donde tu imagen en constante reflejo del silencio, memoria impresa en el espejo.