La ciudad no eras vos No era tu confusión de lenguas ni de sexos No era el cerezo que florecía -blanco- detrás del muro como un mensaje de Oriente No era tu casa de múltiples amantes y frágiles cerraduras
La ciudad era esta incertidumbre la eterna pregunta -quién soy- dicho de otro modo; quién sos. “Otra vez eros” 1994