Una hora

Una hora

Hojas que brillan con el sol, celoso zumbido de abejorros, Desde lejos, desde algún lugar allá del río, ecos de prolongadas voces Y lentos sonidos de un martillo, me dieron la alegría no solamente a mí. Antes, los cinco sentidos, estaban abiertos y, más temprano que en cualquier comienzo, Esperaron, listos, por todos los que a sí mismos se llamaran mortales, Para que de este modo ellos pudieran alabar, como yo hago, vida, eso que es la felicidad. Versión de Rafael Díaz Borbón