Pausa, espantosa pausa de párpados de plomo, tromba dormida al aire, pompa de paños, polvo,
donde irrumpen frenéticas cien mil cristalerías de fábricas de viento, que el huracán derriba,
y un martillo de sangre -¡clo!- que estrangula a pausas -¡morir!- las simas súbitas -silencio- de la ráfaga.