Otra ninguna mis pupilas llena; y si las miro, no dudéis, Señora: lo que disperso en otras enamora vuestra beldad lo junta en gracia plena.
La vuestra duda no será condena, ni razón contra mí torturadora: por tanta gallardía seductora, tan fija a vuestro ser va mi cadena,
que a cuanto no es lo vuestro, fenecidos, sólo en Vos mi pensar y mis sentidos saben vivir su esclavitud gozosos.
Y si en otras mudara alma y figura, nuevo Luzbel sería, de la Altura cayendo a los abismos tenebrosos. Versión de: Carlos López Narváez