Peregrinos que vais meditabundos talvez en algo que no veis presente: ¿Venis desde una tan remota gente que os miro, con agobios tan profundos y sin llanto en los ojos errabundos, ir a través de la ciudad doliente, como si ciego, sordo, indiferente, la viera vuestro ser desde otros mundos?
Me dice el corazón entre lamentos -parad por escucharlo unos momentos- que al salir d’ella os seguirá el quebranto.
Ya su BEATRIZ sólo es celeste sombra, y de toda palabra que la nombra fluye un acerbo manantial de llanto.
Versión de: Carlos López Narváez