Bien sabe a cuál saluda y reverencia el que vea entre damas a la mía; todas ellas hacerle compañía tienen de Dios como gentil clemencia.
De su beldad es tánta la excelencia que envidias no despierta ni falsía: bien antes, galanura y ufanía -dones de Amor- afinca su presencia.
De su redor dimana mansedumbre y así vestidas de su misma lumbre, cada una, sintiéndolo, se honora.
Fue siempre todo en Ella tan luciente, que nadie, suspirando dulcemente, podrá olvidar su gracia arrobadora.
Versión de: Carlos López Narváez