Aquí conmigo, un primero de octubre, tarde líquida de sangre y agua y saliva, aquí conmigo, en la noche de hotel y en el aliento del brandy y el café, aquí conmigo, domesticada y sin ansias, hecha de despojos, aquí conmigo mi soledad, materia inerte, ya sin queja y sin tremor: con ella no escondo cartas entre la manga, no tengo cartas, no tengo mangas, estoy desnudo con mi música, aquí conmigo, lejos del apresuramiento y de las balas, ajeno al acoso de la cita y del teléfono, incólume tras el descendimiento a los infiernos. Me pongo la máscara, me quito la máscara, busco otra máscara, voy descarándome. Perdí mi rostro y lo recojo ahora, en esta noche de hotel, cuando mi soledad se vuelve tibia, transparente y repaso sereno las agonías: ¿ Adónde he quedado yo, tras tanta máscara? Sólo el miedo permite seguirme tras el tiempo, si bien cabe atribuirlo todo a una conjura: ¿Alfileres sobre una foto mía? ¿Un rezo? ¿Malas artes de la brujería y el halago? * * * * *