Deja que el aire libre se libere...

Deja que el aire libre se libere…

Deja que el aire libre se libere más aún, oh Dolor, deja que afine su transparente fuego Mnemosine para cantar lo que viviendo muere.

Que así, en lo oscuro, mi estupor inquiere y en mano abierta el eco se define ante la espina que la mano hiere.

Deja pues, oh Dolor, que me encamine hacia la lumbre que mi lumbre quiere, lenta unidad de noche que termine.

Y así en el blanco oficio que me espere la vida clara y corporal germine como si el día sin fronteras fuere.

“El libro de Lillian” 1975