El episodio terrorista 2

El episodio terrorista 2

Ando entre luz quebrada, oscurecida, con una abeja dentro del cerebro, pulso de amor abriéndose, cerrándose; y las palabras cotidianas gimen como puertas antiguas, sin retorno, una taza de leche cumple el celo de la época, pasan los ejércitos mientras por la ventana ven mis ojos una pequeña calle transversal con suaves casas que no se imaginan la vecindad del hombre desvelado por la violencia -polvo irrestañable, remolino de polvo que aparece por un segundo, igual que los relámpagos. Tiempo de meditar- silla furiosa. ¿Seré el cautivo o el apasionado?

Ambos -doble rumor de la estructura: el sonido del arma en pie de vuelo, la razón que estrujada se alimenta de sus propias sustancias ofendidas; y hoy levantarse con el santo y seña desde la construcción ebria de clavos hasta la densidad del sentimiento, fértil como canela masticada, es una soledad de doble filo, un tener la remota valentía de caminar con húmedos plumajes entre las horas de crucial encuentro.

Después de todo el aire es una dádiva llena de pasionales abundancias, ¿y qué enseña este tiempo sino el eco de la conturbación racionalista, bella en inútiles declaraciones, la organizada sombra de las piedras que en su esplendor de muros y de tumbas tapia a muertos y a vivos, a opresores y a oprimidos, a limpios y a envidiosos?

El sol entre los árboles ardiendo me quema la mirada, me enternece, porque respiro un fuego respirado y amo este reino de respiraciones, hoy más que nunca, ante el clamor secreto.

Y de esta funeral demografía, de este ecológico derrumbamiento, de esta presión impúdica, inodora, de esta anillada criminalidad, ¿hacia qué callejones embocamos, enardecidos entre dos cegueras? Quizás nunca se extingue al fe última, la luna clara al fondo de la sangre, así como los ojos siempre vuelven hacia un desnudo de mujer deseada.

Mi corazón olvida entre las sombras sus tijeras sagradas: los recuerdos. “Discurso secreto” 1974