La musa

La musa

Yo la quiero cambiante, misteriosa y compleja; con dos ojos de abismo que se vuelvan fanales; en su boca, una fruta perfumada y bermeja que destile más miel que los rubios panales.

A veces nos asalte un aguijón de abeja: úna raptos feroces a gestos imperiales y sorprenda en tu risa el dolor de una queja; ¡En sus manos asombren caricias y puñales!

Y que vibre, y desmaye, y llore, y ruja, y cante, y sea águila, tigre, paloma en un instante, que el Universo quepa en sus ansias divinas.

Tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame, y una frente que, erguida, su corona reclame ¡de rosas, de diamantes, de estrellas o de espinas!