«Ha muerto…, ha muerto…», dicen tan claro que no entiendo… ¡Verter licor tan suave en vaso tan tremendo!… Tal vez fue un mal extraño tu mirar por divino, tu alma por celeste, o tu perfil por fino…
Tal vez fueron tus brazos dos capullos de alas… ¡Eran cielo a tu paso los jardines, las salas, y te asomaste al mundo dulce como una muerta! Acaso tu ventana quedó una noche abierta.
-¡Oh, tentación de alas, una ventana abierta!- ¡Y te sedujo un ángel por la estrella más pura… y tus alas abrieron, y cortaron la altura en un tijeretazo de luz y de candor!
Y en la alcoba que tu alma tapizaba de armiño, donde ardían los vasos de rosas de cariño, la Soledad llamaba en silencio al Horror…