Asalto

Asalto

Suave y firme tu mano. No tembló tu corazón; era un instante de calma y superficie en tu voz como plata con arena y en la húmeda pizarra de tus ojos.

Ha sido ahora, ausente, cuando el tacto recuerda una caricia y sangre adentro va tu aroma alzando el oleaje y quema tu piel de oro.

Sufro extrañado en esta mano nueva con su emoción de almendro, que late y crea al recordar. La paso por los objetos de costumbre: el hierro, la madera, el cristal, la lana -tuyos- y una descarga eléctrica de rosas los hace carne viva.