Anteayer dormí en el prado sobre el olor de la hierba, ayer entre los pinares, hoy en la tranquila selva, mañana, raso con raso, solo entre el cielo y la tierra. El alba de cada sol nuevo campo me revela, y el sueño de cada noche las mismas hondas estrellas. En el día se recorre lo que en la noche se sueña: siempre la misma esperanza bajo distinta promesa, y en la noche se vigila todo lo que el paso deja, compañía militar en camino de la ausencia. ¿Cuánto será lo que avanza y cuánto lo que regresa? Corazón aventurado: ¿qué miras en lo que sueñas? La sangre, toda la sangre. La tierra, toda tu tierra.