Es, si en olvidos dolorosos entro, tu voz jamás oída la que grita. Fuiste eterno después y eterna cita que no cumplió el minuto del encuentro.
Como órbita turbada por su centro que en fugas torna y el contacto evita, con la certeza del amor escrita, vivías lejos y latías dentro.
Ni caricia ni voz se conocieron, ni el aire sospechó nuestros amores que en un tiempo sin horas se durmieron.
Ojos tuvo el amor, siembra sin flores, y en aquellos sin llanto que me vieron aún me verán las lágrimas que llores.