El caballo y la trucha saltan en el estanque de la muerte. Uno a orillas del hilo de plata, el otro entre las costuras del tejido de acero.
Son los factores del desamparo quienes me acompañan siempre (al azar), la válvula incluso de la rosa líquida lo que permite observar el movimiento de los animales simbólicos, en acción.
Así el caballo soy yo mismo reflejado en el agua del espejo, y la trucha es mi espíritu que labora y labora contra la perpetuidad de la Dama Violeta.