a mi amigo Brueghel
Subes una escalera de mármol que flota sobre un lago en China y a medida que te elevas sobre el agua piensas en el mecanismo del poema. Cada peldaño que ascienden tus pasos es igual al misterio que opera en el verso que construye tu mano. Cada instante de duda sobre las losas de piedra, equivale a pisar en el idioma un artículo, un verbo, un sustantivo. No te debes fiar de las barandas, ni de los pasamanos, ni de los adjetivos. Nunca debes mirar a tus zapatos ni posar tus dos ojos como pájaros en el punto de inicio hacia “el arriba”. (Apréndelo de Lot o de Bataille.) Una vez que comienzas no hay sentido que no lleve a escribir el vano oficio. O llegas a la meta y te deslizas como un niño con alas sobre un nuevo pasillo, o te dejan caer con las palabras regadas como vísceras, envueltas en la sangre que nadie limpiará en tu caída, rodando en llamas hacia las oscuras aguas de la hoja.