La roca viva

La roca viva

Gracias, Amor, por esta dulce herida y la blandura de mi sufrimiento. Por la risa y el gozo y el lamento, en tanta plenitud desconocida.

Bendito siempre, Amor, porque te siento crecer en la ternura compartida y por las aguas de tu mar sediento que arrasa las orillas de mi vida.

Hoy sé que los rigores de tu fuego consumió en llamaradas mi sosiego y mi paz se hizo llanto y quemadura.

Ahora voy como barco a la deriva. En los escollos de tu roca viva rompió mi corazón su arboladura.