Dulzura de sentirse cada vez más lejano. Más lejano y más vago… Sin saber si es porque las cosas se van yendo o es uno el que se va. Dulzura del olvido como un rocío leve cayendo en la tiniebla… Dulzura de sentirse limpio de toda cosa. Dulzura de elevarse y ser como la estrella inaccesible y alta, alumbrando en silencio… En silencio, ¡Dios mío!…