Poema XXIX

Poema XXIX

En cada grano de arena hay un derrumbamiento de montaña.

Poema XXXVI

He de amoldarme a ti como el río a su cauce, como el mar a su playa, como la espada a su vaina. He de correr en ti, he de cantar en ti, he de guardarme en ti ya para siempre. Fuera de ti ha de sobrarme el mundo como le sobra al río el aire, al mar la tierra, a la espada la mesa del convite. Dentro de ti no ha de faltarme blandura de limo para mi corriente, perfil de viento para mis olas, ceñidura y reposo para mi acero. Dentro de ti está todo; fuera de ti no hay nada. Todo lo que eres tú está en su puesto; todo lo que no seas tú me ha de ser vano. En ti quepo, estoy hecha a tu medida; pero si fuera en mí donde algo falta, me crezco… Si fuera en mí donde algo sobra, lo corto.

Poema XXXVII

Ayer me bañé en el río. El agua estaba fría y me llenaba el pelo de hilachas de limo y hojas secas. El agua estaba fría; chocaba contra mi cuerpo y se rompía en dos corrientes trémulas y oscuras. Y mientras todo el río iba pasando, yo pensaba qué agua podría lavarme en la carne y en el alma la quemadura de un beso que no me toca, de esta sed tuya que no me alcanza. Si dices una palabra más, me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasarme el pecho como una aguda, larga y exquisita espada.

Poema XXXVIII

Si dices una palabra más, me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasarme el pecho como una aguda, larga, exquisita espada. Si dices una palabra más con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte; con esa voz que es como una cosa tangible que yo podría acariciar, estrujar, morder; si dices una palabra más con esa voz que me pones de punta en el pecho, yo caería atravesada, muerta por una espada invisible, dueña del camino más recto a mi corazón.

Poema LVII No te nombro; pero estás en mí como la música en la garganta del ruiseñor aunque no esté cantando.

Poema LVIII Estoy doblada sobre tu recuerdo como la mujer que vi esta tarde lavando en el río. Horas y horas de rodillas, doblada por la cintura sobre este río negro de tu ausencia.

Poema LXI En el valle profundo de mis tristezas, tú te alzas inconmovible y silencioso como una columna de oro. Eres de la raza del sol: moreno, ardiente y oloroso a resinas silvestres. Eres de la raza del sol, y a sol me huele tu carne quemada, tu cabello tibio, tu boca oscura y caliente aún como brasa recién apagada por el viento. Hombre del sol, sujétame con tus brazos fuertes, muérdeme con tus dientes de fiera joven, arranca mis tristezas y mis orgullos, arrástralos entre el polvo de tus pies despóticos. ¡Y enséñame de una vez -ya que no lo sé todavía- a vivir o a morir entre tus garras!

Poema CI La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una criatura distinta. Más leve, más sutil, más sensitiva. Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento; si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube… La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea y al que no la rodea. Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se amansan en su pecho, duermen a su calor como palomas. Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos. Las piedras de la isla parece que van a salir volando… Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos, la traspasa en cada ola, y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura, le estremece la yema de las alas… Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es, pues, lo menos firme, lo menos tierra de la Tierra.

Poema CXXII ¿ Qué loco sembrador anda en la noche, aventando luceros que no han de germinar nunca en la tierra? ¿ Qué loco labrador rotura día a día la tierra para surco de luceros?

Precio Toda la vida estaba en tus pálidos labios… Toda la noche estaba en mi trémulo vaso… Y yo cerca de ti, con el vino en la mano, ni bebí ni bese… Eso pude: Eso valgo.

Quiéreme entera…

Si me quieres, quiéreme entera, no por zonas de luz o sombra… si me quieres, quiéreme negra y blanca. Y gris, y verde, y rubia, quiéreme día, quiéreme noche… ¡Y madrugada en la ventana abierta!

si me quieres, no me recortes: ¡quiéreme toda… o no me quieras!

Rosas

En mi jardín hay rosas: Yo no te quiero dar las rosas que mañana… mañana no tendrás.

En mi jardín hay pájaros con cantos de cristal: No te los doy, que tienen alas para volar …

En mi jardín abejas labran fino panal: ¡Dulzura de un minuto… no te la quiero dar!

Para ti lo infinito o nada; lo inmortal o esta muda tristeza que no comprenderás … La tristeza sin nombre de no tener que dar a quien lleva en la frente algo de eternidad …

Deja, deja el jardín… No toques el rosal: las cosas que se mueren no se deben tocar.

Selva

Selva de mi silencio, apretada de olor, fría de menta.

Selva de mi silencio, en ti se mellan todas las hachas; se despuntan todas las flechas; se quiebran todos los vientos.

Selva de mi silencio, ceniza de la voz sin boca, ya sin eco; crispadura de yemas que acechan el sol, tras la espera maraña verde… ¿qué nieblas se te revuelven en un remolino? ¿Qué ala pasa cerca que no se vea succionada en el negro remolino?

(La selva se cierra sobre el ala que pasa y que rueda.)

Selva de mi silencio, verde sin primavera, tú tienes la tristeza vegetal y el instinto vertical del árbol. En ti empiezan todas las noches de la tierra; en ti concluyen todos los caminos.

Selva apretada de olor, fría de menta.

Selva con tu casita de azúcar y su lobo vestido de abuela; trenzadura de hoja y de piedra, masa hinchada, sembrada, crecida toda para aplastar aquella, tan pequeña, palabra de amor…

Si dices una palabra más…

Si dices una palabra más, me moriré de tu voz, que ya me está hincando el pecho, que puede traspasarme el pecho como una aguda, larga, exquisita espada.

Si dices una palabra más con esa voz tuya, de acero, de filo y de muerte; con esa voz que es como una cosa tangible que yo podría acariciar, estrujar, morder; si dices una palabra más con esa voz que me pones de punta en el pecho, yo caería atravesada, muerta por una espada invisible, dueña del camino más recto a mi corazón.

Siempre, amor Siempre, amor: Por arriba del beso que fué comida de gusanos y de la rosa que se pudre, cada mañana azul,en la caja del muerto. Por arriba mil lunas de este hilo de baba que en el suelo dejó el molusco pálido; por arriba del pan mezclado con ceniza, de la mano crispada junto al hierro. Siempre,amor… Más allá de toda fuga, de toda hiel, de todo pensamiento; más allá de los hombres y de la distancia y del tiempo. Siempre, amor: En la hora en que el cuerpo se libra de su sombra… Y en la hora en que la sombra va chupando el cuerpo… Siempre, amor… (¡Y estas dos palabras naúfragas, entre alma y piel clavadas contra el viento!)

Soneto

Quiere el Amor Feliz -el que se posa poco…- arrancar un verso al alma oscura: ¿Cuándo la miel necesitó dulzura? ¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?

Quédese en hojarasca temblorosa lo que no pudo ser fruta madura: No se rima la dicha; se asegura desnuda de palabras, se reposa…

Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío la luz?… Si es luz… ¿la luz por qué lo extraña? ¡Quien besar puede, bese y deje frío

símbolo, el beso escrito!… ¡En la maraña del mapa no está el agua azul del río, ni se apoya en su nombre la montaña!…

Tiempo

1 El beso que no te di se me ha vuelto estrella dentro… ¡Quién lo pudiera tornar -y en tu boca…- otra vez beso!

2 Quién pudiera como el río, ser fugitivo y eterno: Partir, llegar, pasar siempre y ser siempre el río fresco …

3 Es tarde para la rosa. Es pronto para el invierno. Mi hora no está en el reloj… ¡Me quedé fuera del tiempo!

4 Tarde, pronto, ayer perdido… mañana inlogrado, incierto hoy… ¡Medidas que no puede fijar, sujetar un beso!…

5 Un kilómetro de luz, un gramo de pensamiento… ( De noche el reloj que late es el corazón del tiempo…)

6 Voy a medirme el amor con una cinta de acero. Una punta en la montaña: La otra… ¡Clávala en el viento!…

Un amor indeciso

Un amor indeciso se ha acercado a mi puerta… Y no pasa; y se queda frente a la puerta abierta.

Yo le digo al amor: - ¿Qué te trae a mi casa? Y el amor no responde, no saluda, no pasa…

Es un amor pequeño que perdió su camino: Venía ya la noche… Y con la noche vino.

¡Qué amor tan pequeñito para andar con la sombra!… ¿Que palabra no dice, qué nombre no me nombra?… <

¿Qué deja ir o separa? ¿Que paisaje apretado se le quedó en el fondo de los ojos cerrados?…

Este amor nada dice… Este amor nada sabe: Es del color del viento, de la huella de un ave.

(…) Extraño amor sin rumbo que me gana y me pierde, que huele las naranjas y que las rosas muerde…

Que todo lo confunde, lo deja… ¡Y no lo deja! Que esconde estrellas nuevas en la ceniza vieja…

Y no sabe morir ni vivir: Y no sabe que el mañana es tan solo el hoy muerto… El cadáver futuro de este hoy claro, de esta hora cierta… Un amor indeciso se ha dormido a mi puerta…

Yo te fui desnudando de ti mismo…

Yo te fui desnudando de ti mismo, de los «tus» superpuestos que la vida te había ceñido…

Te arranqué la corteza -entera y dura- que se creía fruta, que tenía la forma de la fruta.

Y ante el asombro vago de tus ojos surgiste con tus ojos aún velados de tinieblas y asombros…

Surgiste de ti mismo; de tu misma sombra fecunda, intacto y desgarrado en alma viva…