Soneto a la rosa

Soneto a la rosa

En el aire quedó la rosa escrita. La escribió, a tenue pulso, la mañana. Y, puesta su mejilla en la ventana de la luz, a lo azul cumple la cita.

Casi perfecta y sin razón medita ensimismada en su hermosura vana; no la toca el olvido, no la afana con su pena de amor la margarita.

A la luna no más tiende los brazos de aroma y anda con secretos pasos de aroma, nada más, hacia su estrella.

Existe, inaccesible a quien la cante, de todas sus espinas ignorante, mientras el ruiseñor muere por ella.