La cabeza hermosísima caía del lado de los sueños; el verano era un jazmín sin bordes y en su mano como un pañuelo azul flotaba el día.
Y su boca de súbito caía del lado de los besos; el verano la tenía en la palma de la mano, hecha de amor, ¡ Oh, qué melancolía!
A orillas de este amor cruzaba un río; sobre este amor una palmera era: agua del tiempo y cielo-poesía.
Y el río se llevó todo lo mío; la mano y el verano y mi palmera de poesía. ¡Oh, qué melancolía!