Soneto insistente

Soneto insistente

La cabeza hermosísima caía del lado de los sueños; el verano era un jazmín sin bordes y en su mano como un pañuelo azul flotaba el día.

Y su boca de súbito caía del lado de los besos; el verano la tenía en la palma de la mano, hecha de amor, ¡ Oh, qué melancolía!

A orillas de este amor cruzaba un río; sobre este amor una palmera era: agua del tiempo y cielo-poesía.

Y el río se llevó todo lo mío; la mano y el verano y mi palmera de poesía. ¡Oh, qué melancolía!