que el Tártaro yel Cielo -uña de carne- desempeñan.
Al sexo y su desorden milagroso, a su perfecto matrimonio; , de beso y abrelatas, sucumbimos.
A la gloria del sexo, a su desenfrenado latrocinio, su avaricia impecable, alto, cedemos. * * *
por ser la superficie de la espuma en la piel, por ser lo más visible y general, por ser el más común lugar del paraíso visitado, el sexo, lo evidente, lo que a todos iguala, lo esencial-sabia era Eva, ingenuo Segismundo-, por ser el sexo algo tan real, lo único real acaso, sólo se existe y vive a su merced.
No es reducible el sexo a números ni a ciencia, no es cosa comprensible, no es natural ni humano y la divinidad lo desconoce.
Lo real no está sujeto a inquisición. * * *
y, por la costumbre, frágil, no basta para el amor y es demasiado para el sexo.
Pero si en sexo se midiera el tiempo si el sexo -el gozo, mejor dicho- fuera una unidad de tiempo, sería la más pequeña que el reloj pudiera imaginar, la apenas registrable, el átomo del tiempo. * * *
ni el carnívoro roce de las bocas, ni las fieras sensuales de los dedos, ni las mejillas ardorosas, ni el sudor refrescante de los pechos -su rima encantadora-, ni el tacto delicioso de los muslos, ni la plata del pubis, ni las caudas azules y viriles, son suficientes para el sexo.
La plena saciedad misma, no basta. Lacios los cuerpos tras el goce, exhaustos, bebidos uno a otro hasta las plantas, sueñan, despiertos, con el sexo. Sólo han probado, sólo empiezan a hervir. La saciedad más absoluta es siempre, apenas, el principio. * * *
El cuerpo siempre, Paul, recomenzando. Y el cuerpo eterno, el fiero eterno cuerpo muere antes que el sexo. * * *
sólo con amor es sexo. El sexo es siempre amor, nunca el amor es sexo. El amor no es amor, el sexo es el amor. No hay sexo sin amor pero hay amor sin sexo, y no lo es. Todo amor sin sexo es corruptible. Sólo una advertencia: es ya desgracia conocida que el sexo y el amor no sean posibles sino con personas, con almas y con cuerpos de cuatro dimensiones, con seres existentes, y nunca con fantasmas o sombras pasajeras, mucho menos con plantas o gallinas.