Al verterse en los charcos la apostura del que delgado está, pues disemina sus reflejos, el agua femenina se hiela por guardar cada figura.
El revés del cristal nos asegura su espalda contener: allí camina la sangre que en Narciso se origina cada vez que un espejo se fractura.
Pulida tempestad en los cristales impide que navegue su reflejo; le da ceguera un Tántalo cercano,
quien dice amordazando manantiales: aquel que aprisionar logra un espejo puede apretar el mundo con la mano.