A los veinte años...

A los veinte años…

A los veinte años tu sexo olía profundamente, antiguo, tibio, una raíz sin frío, precaria aun viniendo de un pasado tan hondo, mítico de atreverse a atravesar la selva sin ser visto. Voz de ánima en pena que busca un continente, África donde agarrarse, desgarrada. Pero volviendo, el sexo de la mujer tiene una autonomía rara como si le perteneciera y como si le fuera ajeno, ajenjo, independiente, estado ebrio. Vive en la fiebre su larga memoria que lo habilita al delirio. Sus labios son verdaderos labios. Una raíz que no es una raíz pero parece por su resonancia. A partir de un punto el poema son innumerables ecos, aguas liberadas, felices de expansivas después de ser tocadas.