Humildad, la fuente inagotable de recursos naturales es un río que no quiebra, un río que fue lluvia, una elevada vertiente que cae como toda la plata, finalmente. El hombre del rocío en la cabeza y en los hombros, el famoso rocío de los prados, hoy canoso, no es más que la humildad que anda, el otrora verdura de las eras, cabizbajo. No está solo: una bandada anda empapada como voz de Neruda. Ese río, dios mortal del mar, renace en meaculpa de la lluvia.