A Eduardo Vásquez
Todo está ligado como para separar el pájaro del aire y condenar al aire como irrespirable. Todo está ligado: toda la ciudad es un templo -se refiere José a Sarajevo-, no sólo las iglesias. Rosas llaman a los cráteres donde estallaron granadas. ¿La llamada frivolidad, los tacones altos de la adolescente, tan criticados por mí como vanos en la adolescente que no veía la bomba, el hambre, Sarajevo? Son los distintos tiempos, lo que aquí se hace pero no resuelve otro tiempo, lo que en otro tiempo se hace pero no resuelve aquí. De oeste a este, de norte a sur: el que decide no está en el perfume que quieres, el que decide el bombazo quiere estar en Dios. Y la bomba es demasiado física, demasiada materia condensada, tanto como para estallar: el bombazo como nostalgia de la explosión original, un deseo de retroceder a un pequeño dios autorizado o de que, más adelante en el tiempo, llueva llanto.